Tras nuevos apoyos internacionales y desconfianzas locales, el índice de riesgo exalta la tensión financiera argentina.
El riesgo país argentino escaló 34 unidades en una sola jornada y alcanzó los 1.264 puntos, un nivel que refleja la creciente presión sobre la economía local y la desconfianza de los inversionistas.
Este indicador, que mide la prima que paga un país sobre los bonos de EE. UU., se ha duplicado desde inicios de año, acumulando un aumento de casi 99 % hasta ahora. La volatilidad está alimentada por expectativas electorales, falta de claridad en la evolución de políticas económicas y la incertidumbre global.
Los bonos argentinos reaccionaron en forma mixta: algunos títulos registraron leves repuntes tras noticias de respaldo internacional, mientras que otros siguieron en terreno negativo. En paralelo, el dólar oficial se mantuvo en torno a 1.450 pesos, y las versiones paralelas (blue, MEP, CCL) mostraron movimientos volátiles.
La escalada del riesgo país tiene un efecto político: presiona al Gobierno para acelerar definiciones, generar confianza y reducir el margen de error en las negociaciones externas. Además, limita la capacidad de acceder a crédito en condiciones favorables para cubrir vencimientos.
Para algunos analistas, el salto reciente responde a una mezcla de optimismo moderado por respaldos externos y escepticismo por la concreción real de esos apoyos. La pregunta central es si ese respaldo se transformará en recursos tangibles o permanecerá en promesas.
En medio de esta coyuntura, el desafío para la administración será evitar que el índice siga saliéndose de control, que los costos financieros se encaminen a niveles insostenibles y que la confianza perdida impacte en la actividad real y el bolsillo ciudadano.

