La planificación del patrimonio digital cobra cada vez más relevancia. Especialistas recomiendan dejar instrucciones claras sobre perfiles, correos y archivos en la nube.
En una sociedad cada vez más digitalizada, surge una pregunta que hasta hace algunos años era poco frecuente: ¿qué sucede con las cuentas y los datos personales cuando una persona fallece?
Redes sociales, correos electrónicos, servicios de almacenamiento en la nube, suscripciones y plataformas financieras forman parte del patrimonio digital. En muchos casos, esa información queda activa si no se toman medidas previas.
Algunas plataformas permiten designar un contacto de legado o heredero digital, quien podrá administrar ciertos aspectos del perfil, conservar contenido o solicitar el cierre de la cuenta. Otras requieren trámites formales por parte de familiares directos para proceder a su desactivación.
Especialistas en derecho digital recomiendan incluir en testamentos o documentos formales instrucciones específicas sobre el destino de cuentas y archivos. También aconsejan mantener un registro actualizado de accesos y decisiones vinculadas a la identidad online.
La falta de previsión puede generar conflictos familiares o dificultades administrativas. Por eso, la planificación del patrimonio digital comienza a ocupar un lugar relevante dentro de la organización personal, al mismo nivel que otros bienes tradicionales.

