Masivas manifestaciones en más de 3.000 ciudades estadounidenses repudian políticas y estilo de gobierno del presidente Donald Trump.
El sábado pasado, millones de personas se movilizaron en Estados Unidos en lo que distintos medios y organizaciones califican como una de las protestas más grandes de la historia moderna contra un presidente en funciones. Las marchas bajo el lema “No King” —en español, “No rey”— se realizaron en más de 3.000 localidades de los 50 estados del país, con ciudades como Nueva York, Washington D.C., Los Ángeles, Boston y St. Paul como puntos de concentración significativos.
Organizadores estiman que la cifra total de participantes superó los ocho millones de personas, aunque los números varían según las fuentes. Las manifestaciones expresaron descontento con políticas de inmigración, decisiones económicas y lo que muchos críticos consideran un estilo de mando con rasgos autoritarios.
A diferencia de protestas más tensas del pasado, los eventos de este fin de semana transcurrieron mayoritariamente de forma pacífica, con discursos, pancartas y consignas que hicieron hincapié en la defensa de la democracia y los derechos civiles. Aunque la Casa Blanca restó importancia a las protestas, para analistas políticos la magnitud de la movilización reflejó una oposición ciudadana significativa a la actual administración.

